• Cultura Diaguita; las raíces que debemos conservar y preservar

  • Cultura Diaguita; las raíces que debemos conservar y preservar

    Los que vivimos en la región de Coquimbo desde niños hemos escuchado que nuestra zona fue poblada por los Diaguitas y los Changos. Y aunque los restos arqueológicos han hecho evidente su importante legado en toda índole de nuestra sociedad, es también real que durante siglos han sido relegados al olvido.

    Se da el nombre de Diaguitas a los portadores de una cultura agroalfarera, que se dedica a la agricultura y la cerámica, que llegaron desde el este de los Andes alrededor de los siglos V y VI, a través de la invasión de los territorios del Complejo Las Ánimas según consta en vestigios de una fortaleza en los cerros cercanos de El Molle (valle de Elqui).

    Limitando al norte con los atacameños y al sur con los picunches. La vida Diaguita se mantuvo estable hasta la llegada de las tropas del Imperio incaico de Túpac Yupanqui, en 1470, bajo el mando del general Sinchi Roca, quien tenía a disposición 10 000 hombres, según lo comentado por el Inca Garcilaso. La conquista no se realizó de norte a sur como fuese lo esperable, las cerámicas incaicas encontradas en los valles de Elqui y de Limarí, anteriores a las encontradas en Copiapó, hacen suponer que los incas cruzaron desde Tucumán hacia estos valles y desde ahí expandió sus conquistas hacia los valles aledaños.

    Con posterioridad llegan los españoles a conquistar Chile y desde allí la historia es tristemente conocida.

    RECONOCIMIENTO

    Carolina Herrera, meica Diaguita y precursora de su cultura, reconoce que el desgaste de la identidad Diaguita le ha hecho un grave daño a la conservación de costumbres e idiosincrasia, pero hay un renacer que se ha potenciado en los últimos años. Durante el Censo del 2017 casi 90 mil personas se reconocen de la etnia y 26 mil de ellos están en la región de Coquimbo. “Todavía tenemos pendiente el reconocimiento de algunos apellidos, ya que muchos de ellos fueron castellanizados por los conquistadores y se ha perdido ese eslabón de nuestro pueblo”, señala.

    En este sentido relata que su identidad ha sido invisibilizada por algunos historiadores. “Fuimos descubriendo que muchas de estas costumbres estaban arraigadas en nuestros antepasados inmediatos como la manera de preparar comida, moler el maíz, preparar cocho, parar una choza, entre otras. Pero también, este arraigo se ha ido materializando a través de la música, los bailes chinos, para ser más específicos”.

    Carolina nos revela que su abuelo fua cacique de un baile chino, y que en esos ritmos e instrumentos podemos encontrar parte de la cultura Diaguita. “Muchas de las costumbres y festividades religiosas coinciden con fechas claves de diversas costumbres de los pueblos originarios, es como que se mezclaron, y se empalmaron. Para no ir más lejos, existen instrumentos Diaguitas de combarbalita que suenan igual a las flautas de los bailes chinos”.

    CURANDERA POR HERENCIA

    Carolina no se hizo meica de un día para otro, tuvieron que pasar varias cosas en su vida, las que le revelaron el don que tenía de sus ancestros. “Desde pequeña, la mayoría del tiempo lo pasaba en la casa de mis abuelas, materna y paterna, y de ahí fui interiorizándome de algunas situaciones y otras cosas se dieron en mí de manera innata, como el masaje con las manos, por ejemplo”.

    Sostiene que en un sueño se le habría revelado el don de curandera. “Como lo consideramos un elemento sagrado, y mi abuela también me reveló que lo había heredado de mi abuelo, de apoco comencé a ser meica. Mi abuelo fue partero de nacimiento, y yo de todo lo contrario, ya que tengo del don de facilitar el camino de las personas cuando dejan esta vida.

    Como relata Carolina y tantos otros herederos de la cultura Diaguita, se trata de una etnia fascinante, que debe ser cuidado y respetado por todos.