• De la piratería a la ilusión gubernamental

  • De la piratería a la ilusión gubernamental

    En 1680 el gobernador español José de Garro, había recibido noticias sobre los planes de ataque que ejecutaría el corsario inglés Bartolomé Sharp en Valdivia, Concepción y Valparaíso. El asalto a la ciudad de La Serena fue una sorpresa y aunque en el último momento se formó una milicia de resistencia, esta fue diezmada por los ingleses y los habitantes de la ciudad huyeron. Sharp ocupó la ciudad durante tres días apropiándose de todo cuanto podía.

    Archivo: Geovirtual2.cl

    Con la pandemia de Covid19, se ha desatado una guerra global, el botín es el preciado equipamiento médico, consistentes en mascarillas, respiradores y test de prueba, los cuales escasean en todo el mundo; para su adquisición ya no hay reglas, y todo vale. Así entonces, se requisan los insumos médicos, mediante órdenes gubernamentales, o derechamente mediante actos de sabotaje, ejecutados por los organismos de inteligencia de las potencias mundiales.

    Se rematan los bienes incautados al mejor postor, incluso en plena pista de los aeropuertos (como ocurrió con mascarillas destinadas a Francia). Ni mencionar el caso del gobierno Alemán quien “perdió” un cargamento de 200.000 mascarillas provenientes de China, al hacer escala en Tailandia. Hasta los propios socios -alineados ideológicamente- sucumbe entre sí, como le ocurrió al ministro de sanidad de Brasil, Luis Enrique Mandetta, que lamentó que China hubiera cancelado a última hora el encargo de material sanitario, incluido un millar de respiradores, justo cuando EE.UU envió 20 aviones de carga. Con semejante caos algunos países han movilizado, hasta sus agencias de espionaje; así entonces el Mossad israelí, que depende directa de Benjamín Netanyahu, ha recibido la orden de adquirir el material que pueda y asegurarse que llegue a su destino.

    Y por éste lado del mundo, cómo vamos?

    Me atrevería a decir que sí Kafka viviera en Chile, tendría más material para sus libros que Stephen King. El título de la novela sería “el cóctel perfecto”: escasa claridad gubernamentales sobre salud, trabajo y educación, imposibilidad del control territorial por parte de las autoridades comunales, un trabajo legislativo deficiente emanado desde un congreso impotente, despidos masivos e informalidad laboral galopante, pobladores sin acceso al agua, una red asistencial de salud con escaso margen de maniobra, para hacer frente a una pandemia y si no fuera suficiente, a las enfermedades estacionales que se avecinan.

    En el desarrollo del cronograma nacional, bastó sólo un fin de semana largo, dentro de la crisis sanitaria, para observar el patrón conductual, de una porción de la población, y como no recordar, el concepto de acuñado por Antonio Gramsci, cuando expresaba que “La crisis consiste precisamente en el hecho que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: y en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados”.

    Así durante esta excepción constitucional, hemos observado monstruosidades de las más aberrantes, donde el capitalismo ha mostrado su producto final:  esos que llenan los malls, que no tiene ni gusto, ni identidad, y son una mala copia de lo foráneo, que hacen fiesta en cuarentena, que después de llenarse la boca con la teletón se largan a la playa, esos que piden raspados de olla, los que “botan” el vino en la cama mientras trabajan a distancia, que están acostumbrados a perfumarse con olor a impunidad y situarse fuera de la ley cuando les conviene.

    La emergencia sanitaria disloca las articulaciones entre las personas y la política. El distanciamiento social disminuye mucho las interacciones presenciales y aumenta la proporción de las que se realizan mediante internet, con el conocido problema de que se acota la diversidad de los puntos de vista a lo que accedemos.

    Los medios de comunicación disponen de menos información obtenida directamente en terreno, y crece su dependencia de las fuentes institucionales. Ha disminuido la actividad parlamentaria y –aún más- la de las organizaciones sociales, de modo que el poder ejecutivo ha recobrado todo su protagonismo, sus tareas se vuelven centrales, administran la crisis y el modo de afrontarla.

    Los mecanismos desplegados por el ejecutivo durante los últimos treinta días, han disuelto los derechos sociales con sus propuestas individualizantes por todos conocidas. Así las cosas, mientras la liquidez en nuestro patrimonio se vuelve cada vez más escasa, los fondos de pensiones de los chilenos, han perdido veinticinco mil millones de pesos durante el primer trimestre de este año.

    La paradoja espacio-temporal es que frente a este escenario catastrófico, el grupo Sura de origen Colombiano que controla AFP Capital, y la Cámara Chilena de la Construcción, que junto al holding Prudential Financial controlan AFP Hábitat, las juntas de accionistas decidirán como repartir las utilidades obtenidas durante el año 2019, las cuales ascienden en 26.000 millones de pesos para el primero y de 20.000 millones para el segundo.

    Al límite del propio colapso

    Mediante cadena nacional se anunciado, la bienvenida a una “nueva normalidad”, esa de vivir en multitud, pero sentirse sólo, la destruir violentamente entornos naturales, la de repletar bosques, océanos y playas de plástico, la de estar viviendo al límite de nuestro propio colapso, esa normalidad de ir hacinados al trabajo, la de llevar una rutina que ni sabemos si tiene mucho sentido, donde los futbolistas son más importantes que las enfermeras, esa conducta normal de ser apetecibles al marketing y las empresas, la de morirnos en la competencia contra nuestros propios compañeros, esa normalidad donde se rescatan bancos y se desahucian personas, donde el alquiler y los arriendos siempre suben y cada vez más, en ese terreno de la normalidad donde se mira con malos ojos a nuestros abuelos porque no son productivos, donde la policía multa, golpea y mata a quien reclame derechos sociales, esa normalización de que algunos quieran siempre más, y otros tengan siempre menos.

    Reina la incertidumbre y es total, lo que creíamos firme y duradero, se volvió líquido y cambiante, no tenemos certeza si las maniobras sanitarias tendrán efecto, ni siquiera sabemos cuándo será el peak del virus, todo es azar. Lo única certeza, es que 8 de cada 10 calamidades eligen chile, y que esta nación tiene coraje para levantarse, aun cuando la performance gubernamental sea una mera ilusión.

    Por Gonzalo Calderon, Abogado / calderonabogados@gmail.com

    Si te gusto esta columna de opinión, aquí puedes leer la anterior: “Barreras sanitarias y nuestra ética”