• La película que va al rescate y memoria del Vapor Itata

  • La película que va al rescate y memoria del Vapor Itata

    naufragio

    A 93 años del mayor naufragio de la historia naval de Chile, un equipo de investigadores busca sus restos y prepara un documental en homenaje.

    Hace casi un siglo, un barco con aproximadamente 450 pasajeros naufragó en un sector denominado “Altos de Coquimbo”, frente a las costas de Los Choros. En total, más de 400 personas (de acuerdo a investigaciones actuales) perdieron la vida producto del naufragio del Vapor Itata, en uno de los días más tristes que recuerde la historia de la navegación nacional. Ya en ese entonces, el Itata era un acorazado histórico: había pertenecido a la Compañía Sudamericana de Vapores y participado activamente de la Guerra del Pacífico, llevando pertrechos de guerra. Por si fuera poco, también había cumplido funciones en la Revolución de 1891 y estuvo implicado en un conflicto bélico de Estados Unidos (fue apresado en San Diego y posteriormente se escapó por el Pacífico).

    Para 1920 las aventuras habían cesado para el Itata, y más bien estaba destinado al traslado de insumos y pasajeros. Uno de sus viajes tuvo lugar el 28 de agosto de 1922. Aquel día, proveniente de Valparaíso, recogió pasajeros en Coquimbo (“enganches”) y zarpó a las 11:30 con dirección a Antofagasta y Tarapacá. Muchos de ellos eran padres, niños, mujeres, familias completas que soñaban con mejorar sus vidas, gracias a la bonanza del salitre.

    La épica búsqueda del Itata

    Hace unos años, un equipo de profesionales se unió para rescatar al Itata: Carlos Cortés (biólogo marino y documentalista), Paula Needham (productor ejecutivo), Ricardo Bordones (productor general) y Patricio Gutiérrez (comunicaciones). El primer paso fue editorial: en 2014, gracias al apoyo del Fondo del Libro del CNCA, más el patrocinio de la Universidad Católica del Norte (UCN), reeditaron “La catástrofe del Itata, memorias de un sobreviviente”, un viejo libro que relata el testimonio en primera persona de un periodista –Jorge X- que sobrevive al naufragio. “El periodista salvo agarrándose de la cola de un caballo. Se fue pa abajo con el chupón del barco –porque se tiró al último- subió, quedó asustado, muerto de frío y se quedó ahí para tomar fuerzas. Toda la gente quedó agarrada de los animales, de los corderos, de los pedazos de tablas que saltaron, porque el barco cuando se hundió explotó más encima“, relata Carlos Cortés. “En el agua quedaron mujeres, niños, gritando”.

    Finalmente, sólo 26 sobrevivientes lograron llegar, exhaustos y moribundos, a la playa del pueblo Los Choros. Jorge X, fue uno de ellos. Aún hoy, a 93 años de ocurrida esta tragedia, la gente de esta localidad sigue conmemorándola, con una romería hacia el lugar donde está instalada una fosa común con las víctimas. “Las viejitas llevan flores, cantan. Eso es lo único que ocurre hoy con el Itata, y es algo potente”, cuenta el profesional. El segundo paso en la reconstrucción de la memoria de este naufragio es la realización del documental “La catástrofe del Itata”, el cual ya cuenta con un Fondo Audiovisual  Regional y el patrocinio de la UCN. La película se basará en las historias, entrevistas y personajes indagados durante la producción del libro; pero, sin dudas, el elemento más significativo e impactante será encontrar los restos del Itata, los que estarían -según los documentos oficiales y los testimonios de los náufragos- a 3 millas del bajo El Toro, a más de 200 metros de profundidad.

    Sin embargo, la tarea no es nada fácil: a la fecha, ya se han realizado tres exploraciones, todas con apoyo del “Cabo de hornos”, un buque oceanográfico de la Armada dotado con la última tecnología en cuanto a investigación científica. Y aunque el “Itata” no ha sido hallado, aún queda un último intento: para ello, el equipo de Cortés espera la confirmación del “Defender”, una lancha del Shoa que cuenta con la misma tecnología del “Cabo de Hornos”, aunque mucho menos costosa en su utilización. “Ahora iríamos a hacer un sondaje como de una semana, que no es lo mismo que hemos hecho otras veces, que era de una horita o dos”, señala Cortés. Para esa fase, además, se sumaría “Arka, arqueología submarina”, un grupo especialista en la materia.

    Por si fuera poco, una vez hallados los restos, la ONG Oceana va a facilitar el R.O.V, un robot submarino no tripulado, capaz de registrar los restos del naufragio, y el cual se puede controlar de forma remota. Las esperanzas de todo el equipo están al máximo, aunque Carlos Cortés asume que el plazo termina a fines de este año; después de eso, la prioridad es estrenar el documental. “Ya el hecho de hacer esta búsqueda larga nos da la posibilidad de hacer reflexiones ahí, en el lugar con la gente con la cual estamos buscando. Todo eso es parte del documental, todo ese esfuerzo pone en valor la historia”, concluye el investigador.


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