• Jorge Chávez, un artista en inquieta y constante exploración

  • Jorge Chávez, un artista en inquieta y constante exploración

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    Jorge Chávez, un artista en inquieta y constante exploracion

    Tras publicar tres libros de cómic, “El Último Weichafe” (con una aclamada versión teatral), “Cyber Folk” y el más reciente, “La palabra”, el versátil artista reconoce su deseo por explorar nuevos horizontes creativos. También está abocado en formar un nuevo movimiento, el Zooismo.

    Cuesta encasillar a Jorge Chávez en una especialidad artística. Si bien durante los últimos dos años ha ganado notoriedad como el autor de un comic underground, etno-sicodélico y zooista, lo cierto es que es un creador polifacético que busca dar expresión viva a lo que más le gusta: dibujar con trazos gruesos, y plasmar su estética en cómic, pinturas, esculturas, la música e incluso la performance.

    Oriundo de Antofagasta, el joven artista (30) pasó su infancia entre Iquique, Arica y La Serena, ciudad a la que llegó el año 2000 para cursar segundo medio y donde se titularía algunos años más tarde como diseñador gráfico en el Inacap. Los años siguientes trabajó de forma freelance y luego montó, junto a una amiga, el pub “Rock y Sicodelia”.

    “El Último Weichafe”

    Jorge Chávez aún estaba en el colegio cuando ya le gustaba leer todo tipo historietas, entre ellas, el cómic tipo ciberpunk. Sin embargo, al momento de dibujar, en lugar de usar “androides con cara de samuráis”, optaba por “meter indios en un contexto animé”; así nacieron las viñetas de “El Último Weichafe”, el que sería su primer libro de cómic.

    La historia de “El Último Weichafe” se planteó como una “ucronía” (1) de la invasión española al Arauco, siempre con una combinación de estética lisérgica y cosmogonía indígena en las viñetas; sin embargo, Chávez admite que en el transcurso el argumento evolucionó y terminó siendo “una crítica destructiva a la humanidad, no solo al conflicto mapuche”. Después vendría un segundo libro cómic llamado “Cyber Folk”, basado nuevamente en una ficción sicodélica construida a partir de un hecho real: qué habría pasado si el proyecto “Sistema de Información y Control” (Synco) de la Unidad Popular -suerte de internet pionero para su época- no hubiese sido cancelado tras el Golpe de 1973. “Era como un internet con intermediarios humanos, por así decirlo. Es lo que decía Stafford Beer (diseñador del proyecto), que mientras más se sacaba al humano de la tecnología, éste más se hacía dependiente”, cuenta el artista.

    El salto al teatro

    “El Último Weichafe” fue lanzado en 2013, durante la Feria del Libro de La Serena. Para la ocasión, en vez de dar una ponencia explicativa de su obra, Chávez optó por hacer una presentación con danza, animaciones y música. El resultado tuvo tan buena cogida, que lo motivó a hacer “algo más grande”: en 2014 postula a un Fondart, y transforma a “El Último Weichafe” en una obra teatral.

    La adaptación se valió de recursos del teatro, danza y efectos visuales. Punto aparte fue la música en vivo, en donde Chávez y su amigo músico Orlando Sanchez (Compositor y miembro de “Los Changos”) utilizaron desde guitarras eléctricas, cajas de ritmo, emuladores de efectos vocales, a instrumentos más autóctonos como las trutrucas, charangos y flauta de bailes chinos. El grupo, conformado por actores, diseñadores de vestuario, maquilladores y músicos, ensayó el montaje durante 5 meses.  “Fue un trabajo en equipo en el fondo, como que éramos todos directores. De hecho, mi planteamiento cuando ya nos ganamos el Fondart fue chiquillos, no le pongamos apellido, esto no es ni obra de teatro, ni concierto musical, ni cómic, ni nada. Pensémoslo como una performance complementaria entre todos”. Finalmente, la obra se estrenó en junio de 2015 y dio un total de seis funciones, todas a teatro lleno y con muy buena recepción.

    Nuevos horizontes de creación

    Por estos días, diversos proyectos ocupan a Jorge Chávez. Uno, es el lanzamiento “La Palabra”, su tercer libro de cómic, el cual fue lanzado en la Feria del Libro de La Serena. La trama tiene rasgos metafísicos y contiene alusiones al tarot. Para Chávez, es el resultado de un proceso personal y de los estudios que venía realizando sobre pintura y Renacimiento. “Es lo más minucioso que he hecho en mi vida”, asegura.  No obstante, confiesa que el cómic lo tiene un poco cansado. “Ahora quiero pintar, hacer cine, más teatro. (El cómic) fue un proceso que ya pasó, lo gocé, lo aprendí, no creo que avance más en eso. Dejé de leer historietas, de hecho. Me metí en la pintura de forma total y es otro mundo, siento que es donde más puedo expresar pensamientos sin definirlos con palabras u objetos tangibles”.

    Muchos de los actuales dibujos de Chávez son animales antropomorfos y coloridos: ello está directamente relacionado con el zooísmo, un movimiento creado por el artista que llama “al desapego del humano como controlador del mundo” y que piensa lanzar el 4 de febrero, a través de una exposición y suerte de performance en el Centro Cultural Santa Inés. “El zooísmo tiene una especie de esfinge de virgen, pero con forma felina. Y la vamos a llevar como si fuera la Virgen de Andacollo, por así decirlo, hasta la Iglesia de Santa Inés. Y va a sacar al dios que está ahí, y va a instalar a la diosa en esa nueva casa. Es como un acto psicomágico que voy a hacer” (ríe).


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