• Guillermo Castellón: el jedi musical de la Cuarta Región

  • Guillermo Castellón: el jedi musical de la Cuarta Región

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    Tuvo un prometedor futuro como contrabajista sinfónico, sin embargo, prefirió la tranquilidad del Valle del Elqui. Desde entonces, ha formado a generaciones de jóvenes en su orquesta, siempre con mística y dedicación.

    Guillermo Castellón (60) es contrabajista, director de orquesta, compositor, arreglador y un destacado gestor cultural de la Cuarta Región.  Hace poco más de 15 años fundó La Orquesta de Niños del Valle del Elqui, a la cual hoy dedica su vida como músico y profesor. Un trabajo que realiza desde la tranquilidad de su casa, en la Quebrada de Paihuano.

    “Aquí escribo poesía y música, pinto al óleo, hago los arreglos, vienen los niños, ensayamos. Y también practico mi hobby, que son los vehículos antiguos: tengo un taller mecánico en mi casa con todo tipo de maquinarias y cosas, me entretengo arreglando jeep Land Rover, citronetas, camionetas C-10, algunas motos. Es algo amateur, pero me gusta mucho”, cuenta el maestro.

    Una vida dedicada a la música

    Guillermo -o Memo, para los amigos- estudió su enseñanza media en el Liceo de hombres Gregorio Cordovez de La Serena. Durante esos años fue alumno del recordado maestro Jorge Peña Hen (creador de la primera orquesta infantil de Chile y Latinoamérica, trágicamente asesinado tras el Golpe Militar de 1973). “Mi padre era el orientador de la escuela de música cuando don Jorge era el director. Entonces, yo tenía una relación musical pero también de conversar con él, porque iba mucho a nuestra casa”, recuerda.

    En 1979, el joven músico se titula en la Universidad de Chile como instrumentista en contrabajo con distinción máxima, y desde entonces inicia un exitoso trabajo en composiciones, docencias y direcciones orquestales. Se perfecciona en Argentina e integra las Orquestas de la Universidad Nacional de Tucumán y del Teatro San Martín de Tucumán. De forma ascendente, gana un concurso en el Teatro Colon de Buenos Aires para tocar en Medellín, Colombia. Castellón viaja a La Serena para despedirse de su familia y esperar la llegada de los contratos y pasajes…  Sin embargo, el destino diría otra cosa.

    “Pasó algo raro. En esos días que estuve en La Serena hubo un golpe militar (en Colombia) y obviamente en ese momento nadie podía entrar ni salir de ese país, así que todos los contratos, todos los compromisos se suspendían… quedé en al aire”. Los siete años siguientes, Guillermo se desempeñó como profesor de contrabajo en la Escuela de Música de la entonces Universidad de Chile de La Serena. Al final del periodo se compra su terreno en Paihuano y se dedica a escribir un ensayo sobre música y filosofía. Luego trabaja en Copiapó, hasta que recibe una “inspiración” que lo lleva de regreso a su querido Valle del Elqui. Finalmente, el 15 de abril del año 2000, funda la Orquesta de Niños de Paihuano.

    La agrupación fue un éxito desde el comienzo, y a lo largo de los años ha conseguido numerosos reconocimientos a nivel nacional e importantes invitaciones al extranjero. En el camino, tampoco han faltado los apoyos ni los recursos. Incluso, Guillermo asegura que a veces suceden cosas misteriosas.

    “Una vez estábamos ensayando en la Escuela Cielo Claro de Paihuano y por la calle pasó una señora holandesa con una amiga. Ella era doctora, tocaba piano. Entra a escuchar el ensayo y se emociona, se pone a llorar, no pensaba que pudiera existir aquí en los cerros algo así. ‘¿Qué necesita profesor?’, Me pregunta. Yo le dije, mire, lo que necesitamos urgente es un violonchello de nivel para una alumna… ella inmediatamente puso mil dólares de su bolsillo y nos regaló un violonchello que hasta este rato es el mejor que tenemos”, recuerda.

    Guillermo es un convencido del gran aporte que la música puede entregar a una formación integral.  “La música, a diferencia de otras actividades, obligadamente hace funcionar los dos hemisferios del cerebro, tanto el lado cerebral de la emotividad, como también de la precisión técnica (…) aparte de eso, es productora de la hormona de la oxitocina, que es la de la felicidad”, señala con entusiasmo.

    Es que, de manera paralela a la música, Guillermo también ha recorrido un camino de búsqueda espiritual. Hace ya varios años perteneció a la Gran Fraternidad Universal, aprendió el Hatha yoga, del cual fue instructor y vivió un tiempo en la Comunidad que la Hermana Cecilia tenía en Cochiguaz.  “Después me retiré de eso y seguí mi camino solo. Hoy hago práctica de meditación y yoga pero de forma muy privada”, reconoce. Son las distintas facetas de Guillermo Castellón, un verdadero jedi musical de la Cuarta Región.


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